Reflexiones y noticias de Mons. Guillermo Steckling OMI, obispo emérito de Ciudad del Este, Paraguay
Neustart: von einem, der sich und die Welt verändert
Por qué soy misionero y sacerdote
Reflexionando más me preguntaba entonces: y yo mismo, ¿estoy suficientemente convencido que es principalmente la fe en Jesús - el Salvador, el enviado por Dios - la que trae el bienestar en su sentido más completo? Todo progreso en una persona y en la sociedad depende de aquella vida plena que comienza con la sanación de nuestra relación con Dios, para luego dinamizar todos los aspectos de la vida humana.
En mis recientes vacaciones, el cura párroco de mi pueblo me regaló un libro del autor inglés Gilbert K. Chesterton, titulado "Ortodoxia". Chesterton lo escribió en 1907, un poco antes de su conversión a la iglesia católica. Han pasado más de 100 años y sin embargo, su pensamiento sorprende por su actualidad, especialmente en cuanto al diálogo con la mentalidad secular, y tiene el beneficio adicional de una pizca de humor. Cito aquí unos párrafos que me llamaron la atención:
"Escuché decir a científicos (aunque no eran enemigos de la democracia), que vicios y delincuencia desaparecerían si proporcionáramos a los pobres condiciones de vida más saludables. Los escuchaba con un encantamiento lleno de espanto, con una fascinación aterrorizada. Porque esta gente era como alguien que corta con todo su empeño la rama en la cual está sentado. Estos magníficos demócratas, al probar su tesis estarían dando la puñalada fatal a la democracia.
Sólo la iglesia cristiana ofrece una objeción racional a la confianza incondicional en los ricos. Porque desde el principio ha argumentado que el peligro no está en el ambiente en que vive el hombre sino que hay que mirar al ser humano mismo; y que, si se habla de ambiente peligroso, el más peligroso es el ambiente cómodo.
Ahí vimos que una doctrina que parece particularmente anticuada es el único garante de todas las nuevas democracias y que la misma, aunque parece menos cercana al pueblo, es la única lo alienta. Vimos entonces que la afirmación del pecado original es la única negación lógicamente coherente de la oligarquía."
Cierto, el lenguaje tal vez nos resulta estraño hoy en día. ¡Ojalá que nos haga al menos pensar un poco!
Para mí se expresa aquí la razón por la cual me hice misionero y sacerdote.
- Quede claro que todos debemos ocuparnos de tanto sufrimiento que experimentan los que se han empobrecido, debemos apoyarlos en la búsqueda de salud, justicia, representación política, educación. No hacerlo sería traicionar la caridad cristiana.
- Pero al hacerlo no podemos olvidar lo que verdaderamente pone en peligro y empobrece a la persona; eso "no está en el ambiente en que vive el hombre sino que hay que mirar al ser humano mismo". Necesitamos sobre todo superar esta realidad que se llama pecado y "pecado original" y vivir en amistad con Dios. Es por esta convicción que me hice misionero y sacerdote.
- Y cierta frase de Chesterton se aplica particularmente a nosotros mismos, los misioneros: "si se habla de ambiente peligroso, el más peligroso es el ambiente cómodo".
Como parte de mis vacaciones acabo de pasar un mes en Aix en Provenza, Francia, en la misma casa que ha sido la cuna de nuestra congregación de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. Ayudé en una sesión de formación permanente. Uno de los animadores dijo en un cierto momento que nuestra tradición espiritual oblata tiene cualidades terapéuticas (1). A varios del grupo le gustaba este pensamiento. Sí, aquel don del Espíritu Santo que tenía San Eugenio de Mazenod, nuestro fundador, es terapéutico del ser humano mismo. Su carisma de combinar una total entrega a Cristo con el amor a los que se encuentran en situación de abandono y pobreza, y con una vida comunitaria de estilo familiar, llega a sanar lo más profundo de la condición humana. No se queda en una cura superficial.
Aún buscando de vivir eficazmente la caridad cristiana mediante varias formas de asistencia, no nos olvidemos nunca que el cristiano es misionero. Urge compartir el tesoro más precioso del que somos herederos: la relación de fe y amistad con Jesús. Él, Hijo de Dios y hombre nuevo, es Salvador, Salud y Vida para todo el que cree. El resto seguirá, y no es al revés.
(1) ver el librito de Tomás Keating, La condición humana.
Cómo pedir trabajadores para la cosecha de Dios
"La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los campos que envíe trabajadores para su cosecha." Lc 10,2
En el evangelio de Lucas, Jesús hace notar a sus 72 misioneros, listos para partir, que hay una abundante cosecha para el Reino de Dios pero que faltan trabajadores. ¿Estaríamos de acuerdo? Puede ser que veamos esta necesidad que Jesús ve, aunque creo que probablemente la percibimos con menos sentido de urgencia.
Ahora, ¿por qué Jesús nos pide que roguemos al dueño de los campos que envíe trabajadores? ¿Será que nosotros debemos recordarle al Gran Patrón sus responsabilidades? ¿Nosotros que apenas comenzamos a darnos cuenta de las dimensiones de la tarea?
Según parece, Dios quiere que se le pidan las cosas que él ya está dispuesta a dar. "Pidan y se les dará" (Mt 7,7). ¿Por qué es así? Una imagen tal vez lo explica: pedir es como abrir la boca de una bolsa; si no ensanchamos la entrada de la bolsa las cosas buenas no van a entrar sino caer al lado, al suelo donde se ensuciarán.
"Pidan al dueño de los campos…" Ya las primeras comunidades de fe, en la época cuando se escribían los evangelios, sentían la presión de la cosecha y la falta de mano de obra. Jesús las anima, a través de su Espíritu, a que pidan ayuda. No quiere que se agoten luchando solos aunque tampoco consiente que recluten a cualquiera. Necesitan como ayuda gente auténticamente misionera, es decir enviada por Dios.
También nosotros hoy sentimos la presión de la cosecha de Dios. Cada sector de la Iglesia - los coordinadores y catequistas, los grupos misioneros y movimientos, los religiosos y el clero - necesitan refuerzo. Nos impacientamos: ¿Por qué aún no llega este refuerzo?
¿Por qué tarda el refuerzo? ¿No será tal vez porque no sabemos pedir, porque "pedimos mal" (Sant 4,3)?
"Pidan que envíe trabajadores a su cosecha" nos dice Jesús y nos indica así que solo vamos a ser escuchados en nuestro pedido por vocaciones si nuestra atención se concentra sobre todo en la urgente cosecha. No hagamos pedidos pensando en primer lugar en las carencias de nuestras pobres organizaciones, en las estadísticas, la falta de número de efectivos, etc. ¡La cosecha es la que nos tiene que preocupar!
¡Pidamos solo ayuda para salvar la cosecha! Dios sabrá cómo y cuándo enviar obreros a las parcelas más necesitadas de su campo, roguémosle por un envío de obreros entonces. No se olvidará tampoco de nuestro sector particular, dentro de la Iglesia, pero tendrá las prioridades que son las suyas.
Si sabemos pedir así, nuestro corazón se asemejará un poco más al corazón de Dios. Nos hace falta compartir la compasión que él nos pone delante como gran ejemplo en la persona de su Hijo. ¡Cuántas veces Jesús cambiaba su programa cuando veía ovejas sin pastor, y nosotros somos tan poco flexibles!
Decía San Eugenio, fundador de los oblatos: "¡Qué inmenso campo se les abre!" Los campos ya están blancos para la cosecha y el segador ya está recibiendo su salario (Jn 4,35), ¡Señor envía misioneros a esta cosecha, que es tuya y que quieres que sea nuestra también!
En el evangelio de Lucas, Jesús hace notar a sus 72 misioneros, listos para partir, que hay una abundante cosecha para el Reino de Dios pero que faltan trabajadores. ¿Estaríamos de acuerdo? Puede ser que veamos esta necesidad que Jesús ve, aunque creo que probablemente la percibimos con menos sentido de urgencia.
Ahora, ¿por qué Jesús nos pide que roguemos al dueño de los campos que envíe trabajadores? ¿Será que nosotros debemos recordarle al Gran Patrón sus responsabilidades? ¿Nosotros que apenas comenzamos a darnos cuenta de las dimensiones de la tarea?
Según parece, Dios quiere que se le pidan las cosas que él ya está dispuesta a dar. "Pidan y se les dará" (Mt 7,7). ¿Por qué es así? Una imagen tal vez lo explica: pedir es como abrir la boca de una bolsa; si no ensanchamos la entrada de la bolsa las cosas buenas no van a entrar sino caer al lado, al suelo donde se ensuciarán.
"Pidan al dueño de los campos…" Ya las primeras comunidades de fe, en la época cuando se escribían los evangelios, sentían la presión de la cosecha y la falta de mano de obra. Jesús las anima, a través de su Espíritu, a que pidan ayuda. No quiere que se agoten luchando solos aunque tampoco consiente que recluten a cualquiera. Necesitan como ayuda gente auténticamente misionera, es decir enviada por Dios.
También nosotros hoy sentimos la presión de la cosecha de Dios. Cada sector de la Iglesia - los coordinadores y catequistas, los grupos misioneros y movimientos, los religiosos y el clero - necesitan refuerzo. Nos impacientamos: ¿Por qué aún no llega este refuerzo?
¿Por qué tarda el refuerzo? ¿No será tal vez porque no sabemos pedir, porque "pedimos mal" (Sant 4,3)?
"Pidan que envíe trabajadores a su cosecha" nos dice Jesús y nos indica así que solo vamos a ser escuchados en nuestro pedido por vocaciones si nuestra atención se concentra sobre todo en la urgente cosecha. No hagamos pedidos pensando en primer lugar en las carencias de nuestras pobres organizaciones, en las estadísticas, la falta de número de efectivos, etc. ¡La cosecha es la que nos tiene que preocupar!
¡Pidamos solo ayuda para salvar la cosecha! Dios sabrá cómo y cuándo enviar obreros a las parcelas más necesitadas de su campo, roguémosle por un envío de obreros entonces. No se olvidará tampoco de nuestro sector particular, dentro de la Iglesia, pero tendrá las prioridades que son las suyas.
Si sabemos pedir así, nuestro corazón se asemejará un poco más al corazón de Dios. Nos hace falta compartir la compasión que él nos pone delante como gran ejemplo en la persona de su Hijo. ¡Cuántas veces Jesús cambiaba su programa cuando veía ovejas sin pastor, y nosotros somos tan poco flexibles!
Decía San Eugenio, fundador de los oblatos: "¡Qué inmenso campo se les abre!" Los campos ya están blancos para la cosecha y el segador ya está recibiendo su salario (Jn 4,35), ¡Señor envía misioneros a esta cosecha, que es tuya y que quieres que sea nuestra también!
El celular te lleva lejos
Ya nadie te puede encerrar. Te pueden declarar arresto domiciliario pero si tienes celular, no te encierran con eso. El celular te lleva lejos: pegas una visita a todos los que quieras y ellos te devuelven la visita. El canal de comunicación puede ser la voz, o el mensaje escrito, o hasta el video. Puedes establecer, mantener y retomar amistades. También puedes hacer mal: engañar al cónyuge, o organizar un secuestro. Cierto, las huellas que quedan en el aparato presentan un riesgo, si actúas mal y te pueden dilatar, pero se conocen maneras de borrarlas.
Con los pequeños teléfonos, sean comunes o mejor aún, inteligentes, nuestro radio de acción y nuestra libertad se han expandido muchísimo, para bien y para mal. Esto es verdad para todos pero especialmente en el caso de los jóvenes e incluso los niños; las nuevas generaciones son tan familiares con la tecnología de comunicación que casi la sienten como un extensión de su propio cuerpo.
¿Por qué he elegido este tema en este momento?
En nuestro congreso juvenil oblato del mes pasado, que es un evento anual con unos 300 jóvenes de muchas partes del Paraguay, y hablamos de la misión, la evangelización entre la juventud como tarea de los jóvenes.
A varios nos llamó la atención uno de los aportes de los jóvenes. En cierto momento hubo trabajo en grupos y la tarea era presentar una escena estática: escuela, trabajo, velorio, liturgia, etc. Y en cada una de las como quince escenas, los jóvenes colocaron a personas con el celular, personas generalmente distraídas del acontecimiento representado: escuela, liturgia, velorio, etc. Nuestro observación de esta autocrítica juvenil coincidía con recientes conversaciones con jóvenes: ellos mismo ya llegan a cuestionar el uso que hacen del celular; les parece útil, interesante - pero también pueden decir que "es un vicio", "exageramos".
A partir del celular, surgen insistentes preguntas para todos, niños, jóvenes y adultos: ¿cómo podemos emparejar la nueva libertad en la comunicación con la responsabilidad correspondiente? ¿Cómo los adultos e líderes juveniles deben educar y guiar a niños, adolescentes y jóvenes en este campo?
Las respuestas que solemos recoger son variadas.
Ya se ofrecen bastante talleres y sesiones sobre el tema, este año escuché de dos en mi ambiente. ¿Alguien tiene respuestas pertinentes, sugerencias prácticas? Si ustedes los lectores se animan, escriban algo abajo como comentario a este blog.
Yo de mi parte voy a contribuir dos pistas a la reflexión.
Quizás la presente era de la comunicación total nos puede hacer caer en la cuenta de que existe otra comunicación, una comunicación muy profunda, que no depende la electrónica y sin embargo, es la que lleva más lejos; la comunicación de ese fuego de amor que arde en Dios y que quiere abrasar todos los corazones. En tanto cuánto los celulares sean un humilde medio para conectarnos a ese fuego divino, para pasar a aquella comunicación misteriosa, recibiendo y transmitiendo el fuego del Amor divino, ¡benditos sean los celulares y realmente nos llevarán lejos!
Con los pequeños teléfonos, sean comunes o mejor aún, inteligentes, nuestro radio de acción y nuestra libertad se han expandido muchísimo, para bien y para mal. Esto es verdad para todos pero especialmente en el caso de los jóvenes e incluso los niños; las nuevas generaciones son tan familiares con la tecnología de comunicación que casi la sienten como un extensión de su propio cuerpo.
¿Por qué he elegido este tema en este momento?
En nuestro congreso juvenil oblato del mes pasado, que es un evento anual con unos 300 jóvenes de muchas partes del Paraguay, y hablamos de la misión, la evangelización entre la juventud como tarea de los jóvenes.
A varios nos llamó la atención uno de los aportes de los jóvenes. En cierto momento hubo trabajo en grupos y la tarea era presentar una escena estática: escuela, trabajo, velorio, liturgia, etc. Y en cada una de las como quince escenas, los jóvenes colocaron a personas con el celular, personas generalmente distraídas del acontecimiento representado: escuela, liturgia, velorio, etc. Nuestro observación de esta autocrítica juvenil coincidía con recientes conversaciones con jóvenes: ellos mismo ya llegan a cuestionar el uso que hacen del celular; les parece útil, interesante - pero también pueden decir que "es un vicio", "exageramos".
A partir del celular, surgen insistentes preguntas para todos, niños, jóvenes y adultos: ¿cómo podemos emparejar la nueva libertad en la comunicación con la responsabilidad correspondiente? ¿Cómo los adultos e líderes juveniles deben educar y guiar a niños, adolescentes y jóvenes en este campo?
Las respuestas que solemos recoger son variadas.
- Algunos educadores, por ejemplo madres celosas, quieren prohibir todo especialmente a sus hijas ante la menor sospecha. Hay jóvenes que se quejan amargamente y hasta hay quienes amenazan con suicidarse ante la restricción.
- Otros educadores buscan establecer ciertas reglas aunque el problema que a veces se presenta es que esto requiere un mínimo de conocimiento en el campo de las comunicaciones. Pero en escuelas y colegios, en jornadas y retiros de jóvenes ya se establecen horarios en qué nos se puede usar el celular, y a veces el aparato se debe incluso entregar al responsable.
- Finalmente hay quienes lo dejan todo libre.
Ya se ofrecen bastante talleres y sesiones sobre el tema, este año escuché de dos en mi ambiente. ¿Alguien tiene respuestas pertinentes, sugerencias prácticas? Si ustedes los lectores se animan, escriban algo abajo como comentario a este blog.
Yo de mi parte voy a contribuir dos pistas a la reflexión.
- La primera consiste en un razonamiento. Creo que en eso de la comunicación estamos simplemente delante de un desafío ineludible que debemos enfrentar con madurez. Restricciones fuertes o prohibiciones totales ya no nos ayudarán. Lo que necesitamos es aprender a manejar el nuevo relacionamiento con múltiples personas de otra manera. Antes, en ambientes con pocas posibilidades de contacto, como por ejemplo en la sociedad rural, o entre los parientes y amigos que encontrábamos en visitas, nos habíamos acostumbrado a intensificar los pocos contactos que teníamos. Era una ofensa no estar presente. Pero hoy se habla de la aldea global; es una imagen adecuada ya que existe la facilidad de relacionarse virtualmente con todos los habitantes del planeta. Es clarísimo: Si dedico tanto tiempo a mis mil amigos de Facebook como lo solía hacer con mis amigos de antes, esto me va a absorber totalmente. Necesitamos aprender la moderación, y que se acepte un "no" sin que se lo tome como ofensa.
- La segunda pista viene del evangelio. Jesús nos envía a transmitir la Buena Noticia, es cierto, y hoy en día también la tecnología tendrá su lugar en eso. Pero, ¿qué lugar le corresponde? Habrá que usarla con buen juicio.
- Por una parte, evitemos que nos distraiga - Jesús decía a los 72 discípulos: "Por el camino no saluden a nadie" (Lc 10,4) para que ellos no se detengan con interminables saludos como era costumbre en la época.
- Por otra parte, no pensemos nunca que la tecnología es lo principal. El anuncio de la Buena Noticia se hace a partir de la acogida y el cuidado de las personas: "Si entran en una ciudad y los reciben, coman de lo que les sirvan. Sanen a los enfermos que haya y digan a la gente: El reino de Dios ha llegado a ustedes". (Lc 10,8-9)
Quizás la presente era de la comunicación total nos puede hacer caer en la cuenta de que existe otra comunicación, una comunicación muy profunda, que no depende la electrónica y sin embargo, es la que lleva más lejos; la comunicación de ese fuego de amor que arde en Dios y que quiere abrasar todos los corazones. En tanto cuánto los celulares sean un humilde medio para conectarnos a ese fuego divino, para pasar a aquella comunicación misteriosa, recibiendo y transmitiendo el fuego del Amor divino, ¡benditos sean los celulares y realmente nos llevarán lejos!
San Eugenio, ¡comunícanos el don que tienes!
Charla para jóvenes amigos del carisma OMI; JMJ 2013, pre-jornada OMI en Aparecida
Hace poco tropecé con la noticia de un párroco que quería
realizar algunas renovaciones y logró
generar fondos de una manera original.
Reino Unido: Rendimiento Celestial. - Apoyado en la parábola
bíblica de los talentos, el pastor de una parroquia anglicana en Kirkheaton,
Inglaterra vio multiplicarse su inversión financiera casi veinte veces. En
noviembre, este clérigo de nombre Richard Steel, había distribuido a sus
feligreses 550 libras (650 euros) en billetes de 10 libras con el encargo de hacer
negocios con la suma que les fue confiada, para generar fondos para una
necesaria renovación de la iglesia. El domingo de Pascua 2013, recibió de
vuelta su inversión, convertida en casi 12.000 euros, según indicaron el lunes los
medios británicos. Por su iniciativa el pastor se basó en una parábola del
Nuevo Testamento, según la cual un rico confía su fortuna a sus siervos que la multiplican
de acuerdo a su capacidad. El informe indica que una niña de 11 años había confeccionado
con sus diez libras varios cientos de tarjetas y ganó un total de 550 libras. Otro
miembro de la parroquia fabricó casitas-nido para pájaros con el dinero y las
vendió por 700 libras. Una mujer había ganado 280 libras con dulces de
chocolate caseros. Con la acción, el pastor quiere reunir una porción de los costos
de renovación que amontan a 73.000 libras.[1]
¿Qué nos dice esta historia? ¿Nos indicará algo sobre la
juventud oblata? ¿O sobre nuestra vida como discípulos de Cristo y misioneros?
¿De discípulos misioneros enviados por nuestras comunidades de fe, inspirados
en la Palabra de Dios, y también en el carisma de San Eugenio de Mazenod? Esta
historia nos habla de algo muy sencillo: que Dios de entrada no nos pide cosas o
nos exige mucho – más bien nos da cosas, nos confía algo de valor y nos concede
bastante tiempo. Y de entrada nos regala el bono de fiarse de nuestra
capacidad.
Así lo dice la parábola de los talentos mencionada arriba –
aquí va un extracto:
Mat 25, 14-19: “Un hombre estaba a punto de partir a
tierras lejanas, y reunió a sus servidores para confiarles todas sus
pertenencias. Al primero le dio cinco talentos de oro, a otro le dio dos, y al
tercero solamente uno, a cada cual según su capacidad. Después se marchó. El
que recibió cinco talentos negoció en seguida con el dinero y ganó otros cinco.
El que recibió dos hizo otro tanto, y ganó otros dos. Pero el que recibió uno
cavó un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su patrón. Después de mucho
tiempo, vino el señor de esos servidores, y les pidió cuentas. “
A diferencia de la suma que entregó el pastor en Inglaterra
los talentos de oro representaban grandes cantidades de dinero, como 250.000
dólares. Cierto, no estamos aquí para
hablar de dinero, más bien nos hemos reunido porque nos atrae otro tipo de
valores. Tenemos en común aquí que nos atrae algo que llamamos el carisma de
los Misioneros Oblatos de María Inmaculada, el carisma de San Eugenio de
Mazenod. Ahora, la palabra carisma significa si la traducimos del griego un don
importante como un talento de oro, es como la dote de una gracia grande que uno
recibe del Espíritu Santo. Carisma significa entonces don espiritual gratuito que
viene de Dios, que es confiado a una persona para que ésta lo ponga al servicio
de los demás. Un carisma puede tener un rendimiento formidable. Con otra
metáfora, es como la semilla de mostaza que se convierte en arbusto grande.
El alto rendimiento del don confiado a San Eugenio, que
llamamos el carisma oblato, se puede observar con asombro en los dos siglos de
historia que ya ha tenido. Si contamos dos siglos exactamente llegamos a 1813.
En aquel año de la vida de San Eugenio esta semilla ya comenzó a brotar y echar
las primeras ramas en su ministerio de joven sacerdote.
Hasta ahora la introducción en nuestro tema sobre el don
especial que tenía el fundador de los oblatos y del cual queremos participar: San Eugenio, ¡comunícanos el don que tienes!
En lo siguiente queremos recorrer varios puntos que ojalá puedan inspirarnos
como adherentes al carisma OMI. Comencemos con algo de San Eugenio mismo y luego
echemos una mirada también a los misioneros oblatos en la actualidad. Después
vamos a continuar con una mirada a Nuestra Señora de Aparecida y al tema de la
XXVIII Jornada mundial de la juventud, concluyendo con una consideración sobre
la Juventud Oblata.
200 atrás el carisma oblato comenzaba a hacerse visible en la vida del joven sacerdote San Eugenio
¿Qué contenido tiene el carisma oblato? En pocas palabras,
el carisma oblato consiste en hacer donación de uno mismo a Cristo Salvador,
compartir el pan de la Buena Noticia con los pobres de este mundo y los
abandonados, y cultivar una vida comunitaria con sabor a familia. Esto es un
resumen que podemos dar hoy pero miremos cómo todo comenzó.
Les invito entonces a trasladarse exactamente 200 años atrás
en el tiempo, e imaginarse estar en la ciudad natal de Eugenio de Mazenod,
Aix-en-Provenza, en Francia. Vamos a limitarnos al año 1813, empleando la cifra
redonda de dos siglos exactos. Ya han pasado 24 años desde la Revolución
Francesa y Eugenio ha podido retornar a su país pero como consecuencia de la
revolución Napoleón Bonaparte reina en Francia siguiendo siempre las mismas
líneas. Un año y algunos meses atrás Eugenio se había ordenado sacerdote y ahora
está recién comenzando su ministerio. No acepta hacerlo desde una parroquia
porque quiere llegar donde las parroquias no llegan. Todavía no se ha fundado
la congregación, faltarán tres años. En esta época San Eugenio vive en la casa
de su madre, junto con el Hermano Mauro, un religioso que se había quedado en
la calle a causa de la revolución.
En este año 1813, Eugenio se llega a decir de sí mismo que
es el sacerdote de los pobres. Ofrece sermones de cuaresma en el dialecto
provenzal a los empleados domésticos, a las seis de la mañana. Ustedes habrán
escuchado o leído algunas de sus palabras del miércoles de ceniza de aquel año
que repito aquí:[2]
“Se tiene que enseñar el Evangelio a todos los hombres y se les debe
enseñar de manera que se comprenda.
Los pobres… Nuestro divino Salvador les daba tanta importancia que se
encargaba personalmente de instruirlos y dio como prueba de la divinidad de su
misión el hecho de que los pobres eran evangelizados, pauperes evangelizantur.
Pobres de Jesucristo, afligidos, miserables, dolientes, enfermos,
cubiertos de llagas, etc. ustedes todos a quienes la miseria abruma, mis
hermanos, mis queridos hermanos, mis respetables hermanos, escúchenme. Ustedes
son los hijos de Dios, los hermanos de Jesucristo, los herederos de un Reino
eterno… Cristianos, conozcan su dignidad, les diré con san León.
Unas tres semanas más tarde, da una instrucción sobre la
confesión al mismo público. Dice textualmente que lo hace porque se siente “llamado
por mi vocación a ser el servidor y el sacerdote de los pobres”.
Además de los empleados domésticos, los encarcelados y los
pobres en general le interesan los jóvenes. Tenemos todavía hoy el libro de actas
de la asociación de jóvenes por él fundada. Comienza con la fecha del 25 de
abril 1813 y leemos el análisis siguiente que Eugenio hace de la sociedad de su
tiempo. Comienza afirmando que Napoleón Bonaparte quiere destruir la religión
católica. Luego sigue diciendo:
“El medio con el que más cuenta es la desmoralización de la juventud.
El éxito de sus medidas es espantoso. … la impiedad es fomentada,… el
materialismo es promovido y aplaudido. … han sido educados a no reconocer más
Dios que Napoleón.
Siendo triste espectador de este diluvio de males, ¿habrá que
contentarse con gemir por ellos en silencio sin aportar ningún remedio?... Pues
bien, yo voy a trabajar también con la juventud, procuraré, intentaré
preservarla de los males que la amenazan y que en parte ya la afectan,
inspirándole temprano el amor de la virtud, el respeto a la religión, el gusto
por la piedad y el horror al vicio.”[3]
En medio de sus muchas actividades Eugenio no se olvida de
cuidar su propia vida de oración que es intensa desde aquella experiencia de
Cristo un viernes santo, seis años atrás. En un retiro a fines del año 1813
anota lo siguiente:
“Estoy bien resuelto a trabajar más seriamente en mi perfección o mejor
dicho en mi conversión que es todavía muy imperfecta.
El primero y más imperioso [defecto] de todos es el orgullo y su
nutrido cortejo: vanidad, amor propio, etc., excesiva propensión a hablar del
bien que yo hago. … También una enorme negligencia, o para decirlo francamente,
una verdadera pereza para cumplir mis deberes de piedad.”
Algunas de sus resoluciones son:
- “Levantarme bastante temprano para poder hacer la oración antes de la misa;
- Hacer el examen particular y la lectura del Nuevo Testamento después de desayunar;
- Encargar a Mauro que me reprenda de mis defectos por la mañana en la oración.”
Ya podemos observar en este año 1813 las características de
lo que más tarde será llamado el carisma oblato, y que mencionamos arriba: entrega
personal a Cristo Salvador, compartir el pan de la Buena Noticia con los pobres
de este mundo y los abandonados (en este caso la juventud), y cultivar una vida
comunitaria con sabor a familia. Todo eso ya está presente: Eugenio da alta
prioridad a la oración y la lectura de la Biblia para mantenerse muy cerca de
Cristo Salvador, se define como el sacerdote de los pobres y también de los
jóvenes, y vive en comunidad con el Hermano Mauro.
Al terminar nuestro viaje en el tiempo, a 200 años atrás,
nos podemos preguntar:
- Nosotros, hoy, ¿estamos manteniéndonos muy cerca del Señor cuya llamada habíamos percibido en algún momento de nuestra vida?
- ¿Sabemos analizar nuestra sociedad? ¿Qué decimos de la misma, y cuáles rostros de gente pobre o abandonada nos vienen a la mente?
- ¿Nos apoyamos, como San Eugenio, en algún compañero de viaje que nos puede ayudar a seguir en el buen camino?
Echemos ahora una mirada a la Congregación Oblata hoy. Los
miembros de la congregación OMI nos solemos hacer este tipo de preguntas
regularmente, y siempre salen algunas orientaciones sorpresivas de los capítulos
generales que tienen lugar cada seis años. El último fue en 2010, y comparto
con ustedes, ya que pertenecen a la familia oblata, algunas resoluciones
nuestras para hacer rendir más el talento de nuestro carisma. Nuestro tema fue
muy simple: “La conversión”.
Llamados a la conversión – la congregación OMI hoy
Escuchando a San Eugenio y mirando nuestras realidades
alrededor – y eso pensando en 3990 oblatos en los cinco continentes – nos dimos
cuenta de la necesidad de una cosa principal: de nuestra conversión. Y para ser
específicos: de nuestra conversión a Cristo, necesitamos reconocer nuevamente
que Cristo está en el centro de todo. En el documento se van señalando
diferentes áreas de conversión pero cada apartado comienza con la misma frase:
“Jesucristo es el centro de nuestra vida y misión…” – y ésta se repetirá cuatro
veces para los temas específicos.
Quizás hablando de conversión pensamos sobre todo en dejar
atrás vicios y pecados. Eso también es necesario pero la conversión en la
última asamblea mundial de los oblatos se ve como algo esencialmente positivo:
el reconocer a Cristo como centro de todo. Esa forma de encarar la conversión para
mí coincide con un pensamiento que un oblato nos ofreció antes de aquel
capítulo general. Proponía como texto inspirador para la conversión la parábola
del tesoro en el campo.
“El reino de los cielos es
semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre encontró y luego
escondió. Y lleno de alegría, va y vende todo lo que tiene, y compra aquel
campo” (Mat 13,44).
Uno no se convierte simplemente porque se da cuenta que algo
anda mal. Para que yo me pueda convertir necesito, además, hallar una
alternativa, algo que vale la pena. Solo cuando aquel hombre encuentra el
tesoro escondido tiene motivo suficiente para vender todo lo que posee.
El tema conversión había surgido ya en la fase preparativa,
unos tres años antes; se decía: miren, tenemos varios documentos muy lindos, y
hasta estamos más de acuerdo que nunca sobre nuestras orientaciones comunes. Solo
una cosa nos falta: llevar todo esto a la práctica, con otra palabra:
convertirnos. Uno de los superiores provinciales decía: todo lo que queremos realizar
es muy bueno, estoy de acuerdo – pero ¿dónde encontraré a las personas que lo
llevarán a cabo? Creo que muchos de nosotros ya hemos hecho una experiencia
similar: un grupo de personas reconoce que se debería hacer esto o aquello,
pero ¿quién pone el cascabel al gato? Ya nos sentimos hartos de tantos discursos,
nuestro anhelo es que alguien ofrezca sus manos para hacer una comida, su boca
para anunciar la buena noticia, su celular para invitar a otros, sus pies para
recorrer un barrio.
San Eugenio hacía todo eso ya en 1813 (con excepción del
celular) y no se trataba de obras grandes todavía, pero eran obras con
capacidad de germinación porque provenían de Cristo Salvador, el corazón de
nuestro santo latía al unísono con el corazón de Jesús Salvador.
Cada capítulo general de los oblatos indica que aquel don
que viene del Espíritu Santo, aquel valioso talento de oro del carisma oblato,
sigue conservando su gran valor pero necesita ser puesto a trabajar para rendir
más todavía. Solo así vivimos y actuamos “para la gloria de Dios, el bien de la
Iglesia y la salvación de las almas” como diría San Eugenio.
El documento capitular menciona luego cinco áreas de
conversión - nuestra comunidad, nuestra
misión oblata, el servicio del liderazgo y de la autoridad, formación y
administración financiera – así, textualmente. La relación con Jesucristo
no se indica como un área más sino es algo transversal. En el documento hay
varios asuntos internos de los oblatos que no nos interesan aquí pero otros
puntos nos podrían inspirar a nosotros también para lograr que Cristo ocupe el
centro de nuestras vidas como personas y como grupos.
Menciono lo siguiente – se trata de citas textuales:
- Comunidad: testimonio,
corresponsabilidad, reconciliación, práctica de la “oraison”, formación permanente, [ser] interculturales
- Misión:
o
Que reconozcamos
hoy el rostro
de Cristo en
los rostros de
los pobres en el
contexto social de
nuestras unidades, tales
como migrantes, víctimas
del VIH/SIDA, personas indocumentadas, víctimas
de la guerra
y pueblos indígenas, y que
defendamos sus derechos y su dignidad;
o
Que reconozcamos
que María es
parte integral de
nuestra experiencia misionera.
- Liderazgo: como
Jesús, que vino no a ser servido, sino a servir
- Formación: una espiritualidad misionera
más profunda; desarrollo humano
integral
- Finanzas: seguir a
Jesús en solidaridad
con los pobres;
administración prudente, transparente
y profesional; búsqueda de
recursos financieros que
sostengan nuestra formación y
nuestra misión.
Dejo depositado aquí este extracto del documento – quizás
más tarde alguien va a profundizar los que estas resoluciones pueden significar
si uno las traduce a la realidad de la juventud oblata.
Pero quiero destacar una cosa. No sé cuál de estos puntos
les llama más la atención. A mí me impresionó que lo primero que se menciona
sea la comunidad. Creo, en efecto, que cualquier actividad misionera y todo el
resto no serán problema si se logra crear una comunidad religiosa, un grupo
juvenil o un círculo de asociados centrados en Dios, en Cristo, en el Espíritu.
Es interesante releer y meditar bajo este aspecto Hechos
13,1-3:
En la Iglesia de Antioquía había algunos profetas y doctores: Bernabé,
Simeón el Negro, Lucio el Cireneo, Manajén, que se había criado con el tetrarca
Herodes, y Saulo. Un día, mientras celebraban el culto del Señor y ayunaban, el
Espíritu Santo dijo: Sepárenme a Bernabé y a Saulo para la tarea a la que los
tengo destinados. Ayunaron, oraron, e imponiéndoles las manos, los despidieron.
Vemos aquí cómo la imponderable actividad misionera del
apóstol San Pablo se inicia a partir de la comunidad de Antioquía de Pisidia
que es la primera en la que a los discípulos se les llama cristianos. Antioquía
ha llegado a una cierta madurez y amplitud de recursos en personas, pero sobre
todo está atenta al Espíritu Santo. ¡En la comunidad donde habita la Santísima
Trinidad está el secreto de la misión!
Nuestra Señora de Aparecida
Con todas estas reflexiones, no queremos olvidar que los
amigos del carisma oblato estamos de peregrinación en estos días. Habiendo
venido de todas partes del mundo nos hemos dado cita en la ciudad de Nuestra
Señora de Aparecida, la santa patrona del Brasil. Luego nos uniremos a la
Jornada Mundial de la Juventud en Rio de Janeiro. Con nosotros toda la Iglesia,
se puede decir, se encuentra en peregrinación, nuestro nuevo Papa, Francisco
representa a toda la Iglesia y estará con nosotros.
¿Cómo podemos hacer una lectura de nuestra peregrinación a
partir del carisma oblato? Si logramos hacerlo tal vez llegamos a intuir cuál
es nuestro lugar en la Iglesia y el mundo, y en qué sentido la contribución del
carisma oblato es importante y hasta necesaria en la Iglesia y el mundo. Como
lo decía nuestro superior general, el P. Luís Lougen, en su visita al Paraguay:
“Tengo mucha esperanza para la Congregación. ¡La Iglesia necesita de nuestro
carisma!” Luego continúa: “Hay varios signos de esperanza” y como primero de
estos signos observa: “La Iglesia debe ir al encuentro de gente olvidada y
nosotros los oblatos ya estamos al lado de ellos”.[4]
Cuando recientemente leí la historia de la tan famosa imagen
de aquí, de Nuestro Señora de Aparecida, sentí que me decía muchas cosas como
oblato. La pequeña estatua es sencilla, de barro y fue encontrada en un río
cerca de aquí por tres humildes pescadores; primero solo el tronco de la
estatua, luego la cabeza y después tuvieron también una pesca abundante de
peces. Esto fue en el año 1717. La devoción comenzó en la casa de uno de los
pescadores, que era de la familia de Felipe Pedroso. Solo después se llegan a
construir sucesivamente capillas e iglesias, hasta la actual basílica muy
grande, comenzada en 1946 y consagrada por Juan Pablo II en 1980. Ya desde 1929
la Virgen de Aparecida es oficialmente la patrona del Brasil. El Señor hace
maravillas a partir de la fe de la gente más humilde. Es esto lo que
experimentamos una y otra vez en la misión oblata, por ejemplo en las misiones
juveniles. Y no es extraño que sea así ya que la Virgen María se describe a sí
misma, como humilde esclava y como tal canta la grandeza del Señor que hace
obras grandes por ella (Lc 1,46-48).
El lugar Aparecida es muy conocido en América Latina por
otra razón; aquí tuvo lugar, en 2007, la última Conferencia General del
Episcopado de América Latina y del Caribe. Gente de otros continentes no se
suelen dar cuenta del impacto que estas conferencias y sus documentos –
Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida – tienen en la vida de las iglesias
de nuestro continente. Quiero destacar dos cosas.
(1) La
5ª Conferencia, la de Aparecida, confirmó una vez más la famosa opción por los
pobres que debe hacer la Iglesia; es más, el Papa Benedicto XVI dijo en su
discurso inaugural: “la opción preferencial por los pobres está implícita en la
fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos
con su pobreza.” Con otras palabras: Dios se ha hecho pobre por nosotros, y por
eso también debemos hacer opción preferencial por los pobres; en realidad ya no
es una opción sino algo que se debe hacer sí o sí. A los seguidores de San
Eugenio este mensaje de Aparecida nos dice que nuestro carisma oblato no es
algo marginal en la Iglesia sino apunta a lo esencial, está dentro del
dinamismo de la encarnación de Dios.
(2) Lo
que más me hace sentir que el carisma oblato siempre estuvo en el corazón de la
Iglesia es la fuerte orientación misionera de la Iglesia de América Latina, que
nos ha dado la conferencia del CELAM en Aparecida. Año tras año se lanza y se
relanza la misión continental, y ya se ha convertido en un eslogan que los
cristianos debemos vernos como “discípulos y misioneros de Jesucristo”, como reza
el mismo título del documento final.
Esto me hace recordar lo que expresó unos
cuantos años atrás el sacerdote diocesano Segundo Galilea, uno de los teólogos
de la liberación, en una conferencia especial para formadores oblatos:
“Desde
que he conocido a los Oblatos, primero en Chile y luego en Bolivia, México,
Perú y Sri Lanka, lo típico, lo
único que resaltaba era: que eran misioneros… Esto de la mística misionero
siempre me llamaba a mí la atención… En
América Latina hace falta una mística misionera. Hay excepciones como se había
ya mencionado. Ustedes las congregaciones misioneras nos pueden ayudar mucho en
este sentido. No se hagan simplemente sacerdotes convencionales - un sacerdote
diocesano más. Lo que hay que hacer es
comunicar a los jóvenes y a
nosotros esta mística
misionera”. (Lima, Febrero 1982)
El tema de la misión ya nos lleva a la otra meta de nuestra
peregrinación, a Río. ¡Qué alegría que toda la Iglesia católica nos proponga
allí un tema misionero!
La Jornada Mundial de la Juventud 2013: Hagan discípulos de todos los pueblos
Será la 28º jornada. Personalmente he estado bastante conectado
con las JMJ. Participé en varias pre-jornadas oblatas: la de Italia en medio
del Jubileo del 2000, y la de Alemania en 2005, y luego en la JMJ completa
entre la parte oblata en Melbourne y el encuentro de Sídney en 2008.
Interesantes los temas de estas jornadas: El
Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1:14), Hemos venido a adorarle (Mt 2:2), y Recibirán la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre ustedes, y
serán mis testigos (Hch 1,8). Parece haber un crescendo hacia una
orientación cada vez más misionera, hasta nuestro tema actual de Río: “Vayan y
hagan discípulos a todos los pueblos”. (Mt 28,19)
Para prepararnos, y también tener a mano una idea de nuestro
modesto aporte oblato les propongo simplemente deletrear, palabra por palabra,
esta frase del evangelio de San Mateo que se nos indica como el gran tema de Río.
¿Qué nos dice Mt 28,19? Se trata del penúltimo versículo del
evangelio de San Mateo. El que nos habla es Jesús Resucitado. Los once
discípulos están viendo su última aparición; es en Galilea sobre el monte que
Él les había indicado. Se postran
delante de él aunque algunos tienen todavía dudas. Y es así que Jesús les envía
en misión:”¡Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos!” ¿Cómo acoger esta
frase con un corazón oblato? Ustedes lo harán, y mejor que yo ya que
principalmente a ustedes les está hablando Jesús, tal vez en las largas horas
de viaje que nos esperan todavía. Pero he aquí algunas pistas:
-
Vayan… Lo primero en la misión es hacer caso al envío
y ponerse en marcha. Hay que dejar atrás lo que es lo nuestro, lo acostumbrado
y encaminarse hacia lo desconocido. Esta marcha puede tomar mucho tiempo y no
está exenta de peligros. Pero solo acercándonos y entrando en nuestros lugares
de misión llegaremos a ser “pastores con olor a ovejas” como ha dicho el Papa
Francisco.
-
y hagan
discípulos… Un discípulo es
alguien que acepta aprender, y que admite que un maestro le enseñe. El maestro
es Jesucristo. Los misioneros no nos contentamos con que la gente entre con un
primer entusiasmo para engrosar las filas de la Iglesia, y basta. Tenemos el
encargo de convertir a la gente en discípulos que siempre tengan más sed de
Dios y de su Reino en la tierra. Discípulos que recibirán más y más formación
toda la vida. Claro, para exigir esto a otros, nosotros mismos necesitamos siempre
continuar siendo discípulos.
-
a todos… Varias veces Jesús nos habla de
completar números: hay 99 ovejas pero falta una, 10 monedas pero una se había
perdido. Él no piensa en mermas inevitables, o resultados estadísticamente
buenos, más bien quiere incluir a todos. Creo que esto los oblatos siempre lo
han tenido en el corazón cuando iban hasta cerca del Polo Norte o a grupos
étnicos minoritarios en varios continentes, como a los indígenas del Chaco
paraguayo, ya desde 1925. La buena noticia debe llegar, así lo quiere Jesús, a
todos los pueblos, a todos las personas y que ni uno solo se quede sin esta
noticia que transforma y da vida. Nada se debe desperdiciar.
-
los
pueblos… Interesante que Jesús no
emplea aquí la palabra “almas” o “personas”. “Hagan discípulos de todos los
pueblos”. La conversión se puede dar en personas una por una, como en el
apóstol Pablo por ejemplo, pero el mandato misionero nos encarga llegar a culturas enteras, nos pide convertir
a discípulos a las personas dentro de sus
pueblos, ambientes, costumbres. Será algo difícil pero también dará lugar a
mucha creatividad: hará falta la música, el arte, las manifestaciones públicas,
las obras sociales, la lucha por la justicia, las intervenciones proféticas y
denuncias, los testimonios y hasta el martirio que es tan frecuente en nuestros
días.
No me puedo imaginar todavía lo que será Río con esta
multitud de jóvenes – discípulos misioneros - que representarán de alguna
manera a todos los pueblos. Será un signo de que la misión que nos encargó
Cristo Resucitado está en plena marcha. Con él iremos más lejos, y sentiremos
su presencia en el apoyo, la oración y la vitalidad de tantos jóvenes
cristianos.
La Juventud Oblata
Sí, estaremos en encuentros de muchas personas, y esto será
para animarnos. Por otro lado Jornadas Mundiales no son nuestro pan de cada
día. ¿Quién nos ayudará a mantener nuestro fervor y nuestra alegría después?
Vamos a necesitar algo de un tamaño más modesto, algo al alcance de nuestras
manos.
Un carisma particular, como el de los oblatos, tiene también
esta función, la de ofrecernos un alimento espiritual a nuestro alcance. Es
como en la sociedad civil: todos pertenecemos a un grupo étnico, a un país y a
veces vamos a sentir esta identidad con mucha fuerza. Pero necesitamos también
de la familia, del barrio y de los amigos. No se trata de evaluar cuál barrio o
familia es mejor o más grande, lo importante es que los sintamos bien nuestros.
Un carisma como el de los oblatos también funciona así; pone
el gran misterio de Cristo a nuestro alcance. Los santos profundizan en su vida
solo dos o tres cosas de su fe, pero esto lo hacen bien y con eso atraen a
otros. Si nos dejamos atraer nos sentimos como miembros de una familia
espiritual.
Y así han surgido varios círculos familiares alrededor de
San Eugenio. Ya en su época, aparte de los oblatos, hubo laicos que se apoyaban
en él, comenzando con su “Asociación de la Juventud Cristiana establecida en
Aix bajo los auspicios de la Santísima Virgen” que daba sus primeros pasos hace
200 años exactamente. Ya durante la vida del Fundador se deseaba la inclusión
de laicos pero ésta tuvo un largo tiempo de incubación.
Más tarde, en la historia de la Congregación, se ha añadido
la AMMI (Asociación Misionera de María Inmaculada) alrededor del año 1900 y los
laicos asociados a partir de 1980, muy pronto con participación de sectores
juveniles. Después de la JMJ de Sídney se realizó allí mismo el primer
encuentro mundial oblato de animadores de nuestra Misión con los Jóvenes. Resultaba
de una encuesta de este tiempo que estamos en contacto con unos 40.000 jóvenes
a nivel mundial. Las formas organizativas de esta “juventud oblata” son
múltiples pero hay varias características en común. Esto lo expresé en un reciente
artículo.[5]
En breve, se puede indicar lo siguiente como lo esencial de la Juventud Oblata:
-
La Juventud Oblata se forma con jóvenes
apasionados por Jesucristo,
-
Que, como San Eugenio, se sienten muy misioneros
-
y aman a la Iglesia.
-
La Juventud Oblata mantiene un enlace vivo con
los Oblatos, normalmente con una comunidad.
Conclusión
Hemos tocado
varios temas que nos ocupan en nuestra peregrinación: el carisma oblato ayer y
hoy, Aparecida, Río y la Juventud Oblata. Todo esto se encuentra simbólicamente
integrado en el hermoso logotipo de la pre-jornada OMI. Vamos a concluir con la
interpretación de este logo que lo resume todo.
Las cuatro letras “J-O-M-I” significan “Juventud OMI”. El
color verde representa las selvas del Brasil pero también la esperanza que ofrece
la juventud. El azul simboliza a la Virgen. Observamos que el manto de María
Aparecida se extiende sobre todo el logo, y la “M” de María está adornada con
las estrellas de la constelación Cruz del Sur. La parte amarilla nos recuerda
el sol, y en este color se nos pinta la imagen del Cristo de Río y la “I” de la
Inmaculada.
El logo nos recuerda que los viajes que estamos haciendo al
y en el Brasil son mucho más que paseos turísticos. Son viajes de fe y
testimonio. Fuimos llamados a participar en estas jornadas para recibir y dar, y
así permitir que nuestra fe aumente cada vez más. “La fe se fortalece dándola”
decía el beato Juan Pablo II en su encíclica misionera. Al vivir los grandes
encuentros con entusiasmo y gozo reconocemos también nuestro compromiso futuro ya
que el mundo, especialmente otros jóvenes, necesitan muchísimo cualquier pedazo
de fe que podamos compartir con ellos. Estoy seguro que la Juventud OMI
contribuirá con su grano de arena para hacer discípulos de todos los pueblos,
la mayoría como jóvenes laicos y algunos en una vocación de consagración
especial. Así el don de carisma oblato que San Eugenio se siente encantado de
comunicarnos, probará de nuevo su alta rentabilidad.
Abril de 2013, P.
Guillermo Steckling, O.M.I.
[1] Radio
Vaticana, edición en alemán, artículo de 2013-04-01 13:28:15.
[2] Escritos
oblatos, vol 15. Iglesia de la Magdalena,
instrucciones familiares en provenzal, dadas en 1813 – 3 de marzo , miércoles
de ceniza.
[3] Escritos
oblatos, vol 15., 25 de abril 1813.
[4] Discurso
a los amigos de los oblatos, Asunción el 26 de diciembre 2012, notas tomadas.
[5] Ver en
omienmision.blogspot.com
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