El empedrado bendecido

Nunca antes se me había pedido bendecir un empedrado. Pero hace una semana me vinieron a visitar tres señoras del barrio donde siempre atendemos la capilla y me pidieron este servicio.

Ya conocía el lugar; queda cerca del río y la zona es inundable. Se había formado una comisión vecinal para por lo menos asegurar el acceso a las casas en la eventualidad de una subida del río. Me contaron que la municipalidad de Asunción les ayudó pero que eran ellos los que tenían que negociar con los vecinos para hacerles ceder un poco de terreno o trasladar un cerco.

Bendije el nuevo pavimento de la calle Primavera recorriendo todos sus 150 metros. Para comenzar leímos lo que dice Cristo en el evangelio de San Juan: "Yo soy el camino..., nadie llega al Padre sino por mí" (Jn 14,6) ¿Exagero diciendo que el avanzar sobre el empedrado nuevo, mientras que se echaba mucha agua bendita, se nos hacía como andar sobre alfombras? Pero, ¿no era este piso sobre el que andábamos una vía del Reino de los Cielos, uno de los caminos de Cristo?

Cuando habíamos terminado me preguntaron si no quería bendecir otro pedazo de calle todavía sin pavimentar para que también ahí se pueda lograr esta mejora, pero tuve que partir para una reunión en la capilla. El dirigente laico de la comunidad me pidió entonces el agua bendita y los vecinos continuaron rezando y recorriendo guiados por él.

En algunas semanas espero otra invitación.