¿Familiarizarse con la Biblia entera?

La Biblia contiene frases hermosas como en el salmo 63 (62) - "Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma tiene sed de ti" - , y muchas expresiones así que nos llegan directamente al corazón. En otras partes la Sagrada Escritura se nos presenta como un libro de acceso más bien difícil, por ejemplo cuando se trata de versos con muchas referencias locales, o hasta con palabras violentas. A veces no nos damos cuenta de que existan tales pasajes difíciles de la Palabra de Dios porque solo hacemos uso de textos bíblicos selectos, aquellos que se juzgan de más fácil acceso para la mentalidad actual.

¿Vale la pena familiarizarse con toda la Biblia? Yo de mi parte creo que sí: la Palabra de Dios la hay que asumir toda entera. Los pasajes difíciles nos ayudarán igual que las de fácil acceso para entrar más profundamente en el misterio de Dios.

La Biblia es como el cuerpo humano: puede encantar por su belleza y causar repugnancia en otros aspectos. Pero, ¿acaso no tienen todas partes su función y hasta son necesarias para poder vivir?

La Biblia es como nuestro humanidad, ¡pero sobre todo forma parte de la realidad humana de Jesús! Jesús nos ha revelado quién y cómo es Dios haciendo uso de la cultura bíblica de la que  su existencia terrena era empapada. Abraham, Israel y David eran sus antepasados y los profetas formaban parte de su literatura nacional. Cada  página de la Biblia es un recuerdo de Jesús, una reliquia de Jesús.

Hoy, la realidad humana de Jesús la encontramos en la Iglesia que es su nuevo cuerpo; sin embargo, la Biblia sigue formando parte de este organismo. Eso sí, solo cuando la entendemos como parte integrante de la Iglesia, cuerpo de Jesús Resucitado, la Biblia nos revela su sentido completo.

Jesús, el Verbo encarnado, sigue usando la Sagrada Escritura hoy para comunicarse, sigue usando los mismos elementos que asumió cuando tomó forma humana y que con el correr de los tiempos cobran un sentido cada vez más amplio. Cierto, otras religiones usan otros libros y tradiciones sagrados y también en ellos se descubren chispas de la presencia del Espíritu Santo, pero el Verbo encarnado no nació en la India, o en México o en un país árabe; nació en Israel de la descendencia de Abraham y David, y como hijo de María, mujer judía, quien tuvo el privilegio de introducirlo en el mundo.

Por eso, hasta hoy vale la pena aprender el "idioma" propio de Jesús aunque no siempre sea un idioma fácil de interpretar. María nos ayudará a aprenderlo con el corazón. A ese idioma de Dios, que es la Palabra Bíblica de Dios, le debemos mucho respeto - como a la misma Eucaristía, según decía San Jerónimo (Verbum Domini 52).

La Biblia entera forma parte del cuerpo de Jesús y es por eso que vale la pena leerla y contemplarla integralmente.