El texto que sigue lo
preparé a pedido de la Renovación Carismática Católica Arquidiocesana (RCCA);
la charla fue presentada en Asunción, Paraguay, el 24 de noviembre 2012.
En la Iglesia estamos celebrando
el año de la fe.
En este año queremos
redescubrir la belleza y riqueza de todo lo que creemos como Iglesia y sobre
todo, fortalecer nuestra fe. Para lograrlo se nos exige, como dicen nuestros
obispos en su reciente carta, evitar la pereza espiritual y nutrirnos
espiritualmente. La verdad de la fe nos hará vivir con más plenitud, por
ejemplo, la verdad sobre la familia. Luego nos tocará salir de la sala del
cenáculo y participar con nueva energía en la misión que nos confió el Señor, y
que se concretiza en América Latina en la misión continental.
Gracias por la invitación a compartir con ustedes. Acepté porque
me siento deudor para con la renovación en el Espíritu en el Paraguay,
especialmente por lo que recibí en mis años de joven sacerdote cuando vivía en
Villa Morra.
Se me ha pedido un tema de apologética, el tema de la
masonería. Lo he formulado como pregunta:
¿Se puede ser masón y católico a la
vez?
Creo que es una pregunta oportuna;
sabemos de la existencia de la masonería pero somos conscientes de que estamos
tratando con una sociedad secreta; por eso se necesita un empeño común para
lograr una respuesta. Cierto que ellos hoy en día salen un poco más a la luz que
antes. Lo hacen afirmando: Somos una sociedad no secreta sino discreta, y por
el resto muy normal, neutral, abierta - y
por eso no habrá ningún problema para que los católicos entren. Y parece que hay
gente de la Iglesia que dice lo mismo – me enteré de un caso en el Brasil y de
otros en España. Sin embargo,
los
obispos del Paraguay no nos dejan dudas sobre la respuesta esencial a nuestra
pregunta, cuando afirman en la ya citada muy reciente carta:
“La masonería, al
no reconocer la divinidad de Jesucristo, ofrece engañosamente un atractivo de
filosofía mezclada con una filantropía que contradice la fe cristiana. Por
tanto, ningún católico puede formar parte de la masonería”.
[1]
¿De qué forma vamos a tratar el tema? He leído algunas cosas
y tengo también alguna experiencia respeto a esta materia. Soy un sacerdote misionero
oblato de María Inmaculada, alemán de nacionalidad y paraguayo por elección, con
20 años de presencia en el país. Pasé también 18 años en Roma en el gobierno de
nuestra congregación misionera, visitando muchos de los 60 países donde estamos
presentes los misioneros oblatos. No soy experto en masonería pero sí he
escuchado cosas, por ejemplo en México y en Uruguay; he visto uno de los grandes
templos masónicos en Estados Unidos – y siempre me ha interesado el tema desde el
punto de vista de los manejos secretos de nuestro mundo. A veces parece que hay
una concertación internacional en ciertas posiciones que son contrarias a las
doctrinas y costumbres de nuestra fe, pero no llegamos a saber lo que hay
detrás.
Vamos a tratar el tema con honestidad, afirmado solamente lo que se
sabe, que ya es bastante, sin entrar en teorías de conspiración que no se
pueden probar. Dejemos simplemente de lado lo que Dios nos sigue escondiendo hasta
el momento que Él quiera. Parece que nuestro tema hoy está ganando cada vez más
en actualidad: la masonería se ha hecho más visible en el Paraguay y también en
el mundo. En la actualidad unas cuantas personas de mucho poder son masones
como veremos luego.
El contenido proviene de varias
fuentes escritas,
mencionadas en la bibliografía al final de este artículo. He consultado libros de
España como el de Manuel Guerra (izq.), Diccionario enciclopédico de las sectas, o el
de César Vidal, Los masones; y artículos
como el escrito por el sacerdote peruano Ángel Peña, ¿Católico y
masón? y otro del español Fernando José Vaquero Oroquieta, La masonería.
Están a disposición del público varios buenos artículos en el internet: encontré
también en YouTube una entrevista con el P. Manuel Guerra recientemente
publicada la cual voy a utilizar.
Propongo cuatro pasos:
1)
Nuestra identidad como cristianos católicos
2)
¿Qué es la masonería?
3)
¿Se puede ser católico y masón a la vez?
4)
Lo que nos toca hacer.
I.
¿Qué es ser cristiano y católico? Nuestra
identidad.
Antes de hablar sobre los masones conviene que tomemos
conciencia de lo que somos nosotros mismos en tanto que discípulos de Cristo.
Ser cristiano y católico no es una cosa vaga, indefinida; es creer en el Dios y
Padre de Jesús, y en Jesucristo, Hijo de Dios que se ha hecho hombre para salvarnos
por su vida, muerte y resurrección, es creer en la presencia maravillosa del
Espíritu Santo en la Iglesia, cuerpo de Cristo, Iglesia que nos comunica la verdad
con la Palabra de Dios y la vida con los Sacramentos, y así nos guía por el
camino hacia al Reino de Dios.
Esa fe la profesamos pero necesitamos también alimentarla.
Si uno tiene solamente su partida de
bautismo como prueba de que es católico, pero no valora ni cultiva su adhesión
personal a Cristo, queda como una rama separada de la viña, va a perder poco a
poco su vitalidad y no va a producir fruto. Y no se va a poder replicar nada cuando se oye afirmar que todas las
religiones tienen su lado bueno y valen lo mismo, pero que hoy existen
conocimientos que las superan.
Ser cristiano católico no es cualquier cosa. Eso significa
también que
no podemos culpar a nadie que no llega a tener nuestra fe – no es
tan fácil creer en la encarnación del Hijo de Dios, o en su resurrección. Para
los musulmanes, por ejemplo, todo parece más fácil – en su religión no van tener
que meditar sobre el misterio de la Santísimo Trinidad. Nosotros no queremos
tampoco culpar a los masones por el hecho de que no comparten nuestra fe; ya
sabemos que como San Pablo
“proclamamos a un Mesías crucificado: para los
judíos ¡qué escándalo! Y para los griegos ¡qué locura!” (1 Cor 1,23). Solamente no queremos que nos digan que ser
masón y católico es compatible. A pesar del secretismo de los masones, se puede
llegar a saber muy bien que tampoco ellos son cualquier cosa indefinida. ¡Tienen
convicciones bien claras, que chocan directamente con las nuestras!
Hay una frontera entre las convicciones de ellos y las
nuestras que se debe reconocer y respetar. Los católicos sentimos un sano
orgullo de nuestra fe; realmente creemos que ella es verdadera y no solo una
más de las posibles formas de religión. Por eso nos reservamos el derecho de
señalar lo que para nosotros es verdadero y lo que no lo es. Conviene añadir en
seguida que esa frontera no es solamente doctrinal, es también de
comportamiento ético, y que nos reservamos igualmente el derecho de distinguir
entre lo que creemos que es éticamente bueno y lo que no es un comportamiento aceptable,
y de decir esto en público.
¿Va a haber conflictos por eso? No los buscamos, pero Cristo
mismo los sufrió hasta su muerte en la cruz y nos indicó que el discípulo no
tendrá una vida más fácil que el maestro en este aspecto.
II. ¿Qué
es la Masonería?
Todos los católicos podemos conocer toda nuestra fe y
tenemos la “puerta de la fe” (Hc 14,27) abierta para que otros entren. Explicamos
nuestra fe a cualquiera que nos pidiere la razón de nuestra esperanza (1 Pe
3,15). También podemos conocer todo lo que queramos de la organización de
nuestra Iglesia con nombre y apellido.
Con los masones es otra cosa. Las
convicciones y la estructura de la masonería quedan en gran parte ocultas, no
van a ser reveladas sino a los adeptos, y ni siquiera a todos los adeptos. ¿Qué
decir entonces de esta sociedad? Cuando el secreto está en todas partes, ¿dónde
termina lo real y empieza la fantasía? Otro factor que dificulta la comprensión
de los masones es su fragmentación, ya que existen múltiples obediencias y
ritos.
Sin embargo, con los años y los siglos, no es poco lo que se ha filtrado
y así podemos dibujar un cuadro esencial del movimiento. Tendremos que
simplificar algo en esta parte de la exposición por los límites de tiempo, pero
no vamos a afirmar más de lo que se sabe con un alto grado de certeza. Admitimos
que no se sabe todo lo que se quisiera de la masonería, como sucede con muchos objetos
de la investigación histórica. ¿Quién fue el verdadero responsable de la muerte
de John F. Kennedy? Hasta hoy no lo sabemos, aunque podemos tener sospechas,
pero en un debate serio no cabe introducir nada de lo que se afirma en ciertas
teorías de conspiración.
1. Origen
histórico y doctrina
Históricamente la masonería especulativa ha comenzado por el
año 1717 en Londres y tiene hasta hoy como su carta magna las constituciones de
Anderson, del año 1723. Los masones mantienen una mitología que los conecta con
épocas mucho más antiguas, por ejemplo con Hiram que aparece en la Biblia como constructor
del templo de Salomón y es hijo de una viuda de Tiro. Por su conexión
legendaria con ese Hiram, a los masones se les denomina también “los hijos de
la viuda”. Su mitología y leyendas se usan en sus amplios ritos simbólicos. Los
ritos de iniciación y el secreto la conectan con el ámbito de la Gnosis que
ofrece salvación por conocimiento superior a sus iniciados.
Con todo, es importante afirmar que la filosofía masónica es
sobre todo hija del siglo XVIII - de la
ilustración, el racionalismo y el
liberalismo. Debido a estos orígenes, cuando ellos admiten a un Dios
[2],
se trata del Dios del deísmo:
un Dios arquitecto del mundo que luego vive
distanciado y no interviene más. Incluso toda la importante rama francesa de la
francmasonería ha borrado la referencia a Dios de sus estatutos. Y así, entre
los masones no hay lugar, por ejemplo, para el misterio de la Navidad, para
Jesucristo resucitado, para el Espíritu Santo - alma de la Iglesia -, para la
Palabra de Dios, los sacramentos, etc.
Cierto que la propaganda masónica declara que su sociedad es
un movimiento esencialmente caritativo, filantrópico, filosófico y progresista;
ellos afirman reconocer y defender la existencia de Dios, dicen que la
Masonería no se opone a la religión, mucho menos a la Iglesia Católica, y que más
bien recomiendan que cada uno practique su religión. Pero, en cambio, se debe
decir que la verdadera filosofía masónica es el "humanismo secular",
una ideología meramente humana. Lo que nos puede confundir es que “la masonería
se coloca en un plano superior al de las religiones con las que dice ser
compatible”.[3] En
realidad, los masones teológicamente no son cristianos, pues no admiten que
Cristo sea Hijo de Dios ni Salvador de los hombres.
¿Cuál es, entonces, el contenido del “credo” masón? Los
principios que ellos profesan son los de la revolución francesa: Libertad,
igualdad, fraternidad, a los que la rama francesa ha añadido la laicidad. Son
valores que suenan aceptables para todos, sin embargo, hay que ver el contenido
concreto.
En su artículo sobre la masonería, Fernando José Vaquero
Oroquieta ofrece la siguiente síntesis en
11 puntos de la doctrina de los
masones:
- El principio de la existencia de una Fuerza Superior, reconocida bajo el nombre de “Gran Arquitecto del Universo”
- El principio de libre pensamiento
- El principio de la tolerancia
- El principio de la autonomía de la razón
- El principio de la libertad de culto: Es el propio individuo quien debe reglar sus relaciones con el Ser Supremo.
- El principio de la libertad de conciencia: Cualquier coacción o influjo externo, sea de orden físico, sea de orden moral, en el sentido de dirigir u orientar el pensamiento del individuo, debe ser considerado como atentado contra un derecho natural y sagrado.
- El principio de indiferentismo religioso
- El principio del Estado Neutro
- El principio de la enseñanza laica
- El principio de la moral independiente
- El principio de la religión natural: La religión oficial y pública debe mantenerse en los límites de la religión natural.
Y concluye: “Lo dicho es suficiente para que se vea con
claridad que
entre la doctrina masónica y la católica hay oposición tal que
excluye la posibilidad de ser a la vez católico y masón”.
Veamos con un poco más de detalle solo los principios de la "libertad" y de la "tolerancia".
Para el Evangelio es la verdad la que nos hace
libres (Jn 8,31).[4] Interesante
lo que decía el expresidente español, el masón Rodríguez Zapatero: “EI único
orden que debemos establecer es el de la libertad. No es la verdad la que nos
hace libres. Es la libertad la que nos hace verdaderos”.[5]
En cuanto a la tolerancia, sí casi todo se tolera; lo único que no se permite
es discutir los principios y dogmas masónicos. La Constitución del gran Oriente
del Brasil, en el artículo uno, declara ser requisito esencial para poder ser
masón: No profesar ideologías contrarias a los principios masónicos. Preguntamos:¿Y no es
que un católico tiene la obligación de profesar la doctrina católica?
En un artículo largo el sacerdote peruano Ángel Peña
desarrolla lo siguiente sobre libertad y tolerancia, según los masones. Primero
cita a un tal Maurice Caillet, ex-masón:
“Para un cristiano la libertad es un
medio, un instrumento que Dios concede al hombre para que se dirija hacia el
bien y hacia el amor. Para un masón se trata de un objetivo sin fin preciso,
llamado a derribar todos los tabúes y todas las prohibiciones de la moral
tradicional”.
Y luego sigue:
“Los masones reivindican desde hace mucho tiempo
la libertad sexual total entre adultos. Está valoración del placer, este
hedonismo, ha llevado a la masonería a preparar y promover en Francia todas las
leyes que favorecen el libertinaje sexual, el divorcio, la contracepción
química y mecánica, el aborto, el célebre PACS (pacto civil de solidaridad, una
unión civil entre personas heterosexuales u homosexuales), la manipulación de
embriones…”
Luego el P. Peña cita a un doctor Pierre Simon, antiguo Gran
Maestre de la Gran Logia de Francia, quien corrobora esta observación cuando
afirma:
“Es todo el concepto de familia el que está a punto de cambiar”.
¿Podrá un cristiano entender la libertad así y tolerar todo esto?
No lo puede, aunque con eso se exponga a la persecución. El conflicto y la
persecución sigue siendo una posibilidad real, incluso en nuestra parte del
mundo. En su época,
Voltaire entendía la libertad en principio sí como
tolerancia, pero como intolerancia con los intolerantes, hasta llegar a la divisa,
refiriéndose a la Iglesia: “Aplastemos a la Infame”.
En cuanto al tiempo
actual, me llamó mucho la atención lo que dijo el actual
Cardenal de Chicago,
Francis George, sobre la posibilidad de la persecución de la Iglesia en un
ambiente de secularismo total – lo dijo no tanto como profeta del futuro sino
para hacernos pensar:
“Yo espero morir en la cama, mi sucesor va a morir en la
cárcel y su sucesor va a morir mártir en la plaza pública. A su sucesor le
tocará recoger los fragmentos de una sociedad arruinada y lentamente ayudar a
reconstruir la civilización, como la Iglesia ha hecho tantas veces en la
historia humana."
[6]
2. Organización
e influencia
Los masones se organizan por logias, las cuales se coordinan
en Grandes Logias en cada país y se conectan entre ellas en los grados
superiores con Francia o Inglaterra, y también a nivel mundial. Hay variedad de
ritos, que tienen en común los primeros tres grados de iniciación, aprendiz,
compañero y maestro. Luego existen grados superiores: 33 o también más de 90, o
solo siete. Lo característico de esta estructura es el secreto; se debe jurar solemnemente
no revelar nada afuera y tampoco a los grados inferiores.[7]
Por eso, masones de los primeros tres grados pueden incluso estar equivocados de
buena fe sobre la doctrina y los fines de la sociedad de ellos, aunque algunas
cosas les deberían llamar la atención.
Los masones buscan
influencia y poder. Realizan sus
objetivos, definidos más concretamente en los estrados superiores, de forma
secreta y por ende conspirativa, y por eso son bastante eficaces. Hay una larga
lista de ellos que llegaron a ocupar puestos de poder importantes, desde San
Martín, Bolívar y Artígas a Washington y Roosevelt, de Zapatero y Hollande a
muchos otros presidentes y primeros ministros, y altos personajes del mundo de
las finanzas. Es de interés para la historia del Paraguay que el masón Conde de
Aranda estuvo detrás de la supresión de los Jesuitas en 1767. En cuanto a la
actualidad, conviene escuchar y dejarse sorprender por lo que dice el
P. Manuel
Guerra, experto en la materia, en una entrevista reciente en la que presenta
su
nuevo libro sobre Masonería, religión y política, que está yendo ya a su
segunda edición (vea abajo en la Bibliografía, nº 4 el enlace a un
video de presentación).
También puede ser de interés notar conexiones con ciertas organizaciones
y sectas, presentes en nuestro medio. Nota el P. Peña: “Muchos miembros del ‘Rotary
Club’ o de los ‘Leones’ se sorprenderán de saber que estos grupos han sido
creados en USA por masones de alto grado.”[8]
En cuanto a las sectas, fueron masones Joseph Smith, fundador de los mormones,
y Charles T. Russell de los Testigos de Jehová. El Ku Klux Klan en Estados
Unidos fue dirigido por masones. En el Brasil, la masonería tiene una fuerte
conexión con el espiritismo. Hay relaciones históricas importantes con la
teosofía, como también con el satanismo de Aleister Crowley[9].
Queda abierta la pregunta:
¿Qué hay detrás de la masonería? Ella
se mantiene en su secreto que solo de vez en cuando se levanta por alguna
circunstancia. En juego están no solo la verdad y el error sino también el bien
y el mal. ¿Necesitaría esconderse detrás de terribles juramentos de secreto algo que es
verdadero y bueno?
Treinta años atrás leí, estando en nuestra comunidad de Colonia
Independencia (Guairá), un viejo libro sobre la masonería escrito casi un siglo atrás por el
Cardenal
chileno José María Caro (izq.). El libro termina así:
“¿Cómo es que hay tantos
católicos que a pesar de las prohibiciones de la Iglesia se han dejado tomar
por sus redes? ¿Cómo es que hay tantos masones que, conociendo haber sido
atraídos mediante un engaño, y otro engaño continúan, sin embargo, dejándose
engañar? Una sola respuesta puedo dar a todas estas interrogaciones: ¡MISTERIO!
Y lo que es más triste ¡MISTERIO DE INIQUIDAD!”[10]
3. La
masonería en el Paraguay
Si menciono este punto, aunque sea solo de paso, es para
destacar su relevancia. Sería interesante escuchar de gente entendida
informaciones sobre la presencia de la masonería en el Paraguay. Lo poco que sé
es de los diarios y del internet.
Encontré una noticia del 2009 diciendo que el
Señor Thomas Jackson, Secretario Ejecutivo de la Conferencia Mundial de Grandes
Logias sería el artífice de la unidad
entre los masones del Paraguay; “tras varios años de división, los miembros de
la masonería paraguaya deponen sus diferencias y acuerdan fortalecer la Orden
en las fronteras del territorio guaraní”.
[11]
También hay una página web de la Gran Logia Simbólica del Paraguay (
http://www.granlogia.org.py/), firmada
por Euclides Acevedo, Gran Maestro.
III.
La posición de la Iglesia
1. La
Iglesia y la masonería en la historia pasada
La Iglesia católica ha rechazado la masonería casi a partir
de su fundación en 1717 en
centenares de declaraciones[12].
La situación fue muy dramática en tiempos del Papa
León XIII quien en 1884
publicó toda una encíclica, Humanum Genus, sobre el tema. Los masones habían
levantado falsas acusaciones contra su predecesor, el Papa Pio IX, incluso
diciendo que había sido masón, y por eso León XIII reacciona con fuerza. Resume
el P. Peña: “El Papa, buen conocedor del tema, habla de su naturalismo, de
seguir la naturaleza, no aceptando nada sobrenatural, habla de la obediencia
total y de los graves castigos que pueden recibir los desobedientes.”
[13]
Poco después, un ateo francés, León Taxil, simula una falsa conversión y
publica “revelaciones” sobre la masonería. Logra ser recibido por el Papa en 1887;
diez años más tarde declara que había tomado el pelo a todo el mundo. ¡Cuánto
habrá sufrido este papa a causa de los masones!
El Código de Derecho Canónico del 1917 menciona la masonería
explícitamente e impone la excomunión a sus seguidores.
Pío XII, el 24 de junio de 1958, señala como “raíces de la
apostasía moderna, el ateísmo científico, el materialismo dialéctico, el
racionalismo, el laicismo, y la masonería, madre común de todas ellas”.
Años más tarde, algunas posturas quieren hacer distinción
entre masones enemigos de la Iglesia y otros que se consideran amigos, lo cual
podría abrir la puerta incluso a una doble pertenencia. En ese contexto es
interesante la conclusión a la que llegó una Comisión mixta compuesta de
católicos y masones en Alemania, según la comunicación oficial publicada en “L’
Osservatore Romano” (edición especial del 7 de Septiembre de 1980):
“Entre la
Iglesia Católica y la Masonería -dice el documento- se han mantenido
conversaciones oficiales en los años 1974 a 1980, por encargo de la Conferencia
Episcopal Alemana… No es compatible la pertenencia a la Iglesia Católica y al
mismo tiempo a la Masonería.” La Declaración termina con esta observación: “el
estudio se hizo precisamente con la Masonería amiga de la Iglesia; y en ésta se
constataron dificultades insuperables.”
Viendo toda esta realidad, no sorprende que la Iglesia siga
manteniendo la incompatibilidad entre una vida de fe y la pertenencia a una
logia, como acaban de afirmar los obispos del Paraguay.
2. La
posición de la Iglesia no ha cambiado: hay incompatibilidad
El nuevo Código de Derecho Canónico del 1983 no menciona más el movimiento, como
tampoco otros grupos o sectas; en el Canon 1.374 solamente se señala:
"Quien se inscribe en una asociación que maquina contra la Iglesia debe
ser castigado con una pena justa; quien promueve o dirige esa asociación, ha de
ser castigado con entredicho".
Sin embargo, en la víspera de la promulgación
de este Código actual, el Cardenal José Ratzinger, Prefecto de la Congregación
para la Doctrina de la Fe, hace en nombre del Papa una declaración oficial
sobre la masonería. Cito estos puntos según la carta pastoral de Mons. Ismael Rolón
como presidente de la Conferencia Episcopal Paraguaya sobre el tema.
El 31 de mayo de 1989 Mons. Ismael Rolón dice lo siguiente:
“Si bien el nuevo Código de Derecho Canónico ya no excomulga (C. 1974) en forma
concreta a los masones, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el
26 de Noviembre de 1983, ha dado a conocer una declaración que expresa: ‘No ha
cambiado el juicio negativo de la Iglesia respecto de las asociaciones
masónicas, porque sus principios siempre han sido considerados inconciliables con la doctrina de la Iglesia;
en consecuencia, la afiliación a las mismas sigue prohibida por la Iglesia. (…)
Los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas se hallan en estado de
pecado grave y no pueden acercarse a la Santa Comunión’. ‘No entra en la
competencia de las autoridades eclesiásticas locales pronunciarse sobre la
naturaleza de las asociaciones masónicas con un juicio que implique derogación
de cuanto se ha establecido más arriba.’”
El P. Manuel Guerra comenta sobre esta misma posición actual
de la Iglesia:
“Obsérvese que la causa de la situación en estado objetivo de
pecado grave no depende de ‘la maquinación (de la masonería) contra la Iglesia’
como la excomunión del Código de Derecho Canónico anterior (el promulgado en
1917 y vigente hasta 1983), que no se daba en la misma medida en todas las
obediencias y ritos masónicos… Ahora el motivo radica en la naturaleza misma de
la masonería al margen de sus actuaciones concretas, prácticas. Se trata de
unos fundamentos y postulados ideológicos, teóricos, inconciliables con la fe
cristiana.”[14]
Para la práctica, esto significa que un católico que se ha
hecho masón vive en estado de pecado grave: por eso no puede comulgar, ni
recibir la absolución, o la Santa Unción hasta que no se separe de la masonería.
Su situación canónica es muy similar a la de los concubinados, aunque una de
las diferencias es que la pertenencia a una logia podría ser desconocida.
Los protestantes inicialmente toleraban la “doble pertenencia”;
no obstante, tras una larga tradición de cooperación, la Iglesia anglicana
aprobó, en 1987, un documento que declara la incompatibilidad; lo mismo han
hecho otras iglesia protestantes. Al
parecer, ha influido la posición católica del 1983.[15]
Fernando José Vaquero resume así
las razones de
incompatibilidad:
- la masonería tiene un carácter deísta;
- la
característica definitoria fundamental de su organización es el
"método" y en la base de este método encontramos, sin lugar a dudas,
al relativismo;
- en eso también llegan a la negación de toda norma moral
objetiva, tal como las afirma la Iglesia católica, cayendo en un relativismo
moral.
- Jesús sería para ellos, eso sí, un gran maestro, un gran iniciado, pero
al nivel de Buda, Mahoma, Zoroastro, etc.
El año 2001, el cardenal Paul Poupard, Presidente del
Consejo Pontificio de la cultura, publicó en la revista Palabra un artículo en
el que dice: “La masonería mete en el mismo paquete todas las visiones del
mundo. Es lo que yo denomino el relativismo absoluto. Y el cristiano no puede
admitir eso, porque sólo Jesucristo es la Verdad. Hay que decirlo claramente.”
IV.
¿Qué nos toca hacer?
Después de este breve recorrido, ¿qué actitud debemos tomar,
y qué acciones nos corresponden a los católicos? Yo veo en la presencia
masónica sobre todo una llamada de atención. Algo el Señor nos querrá decir.
Nuestras actitudes y acciones se dirigirán a dos campos: hacia afuera y hacia
adentro. Hacia afuera, sigamos con el diálogo que buscamos con cualquiera que
tiene una fe distinta y defendamos nuestros derechos; hacia adentro, tomemos
más conciencia de nuestro compromiso cristiano.
1. Busquemos
el diálogo, pero no seamos ingenuos.
Estamos llamados al
diálogo con todos los que no comparten
nuestra fe, y el diálogo con los masones es solo un caso particular del diálogo
interreligioso
[16]. Para
el diálogo es importante saber su propia postura y hacerla respetar, y luego
buscar un terreno común con la otra parte, reconociendo la diferencia de
convicciones en el otro.
Los expertos nos advierten que
en el caso de los
masones “hablamos siempre con un ciudadano encapuchado, rigurosamente impedido
de manifestarse con sinceridad sobre la parte esotérica de su institución”[17].
Pero, sin embargo, el diálogo es bueno porque tenemos la posibilidad de darnos
a conocer y poner la verdad de Cristo más al alcance de la otra parte. Siempre
se puede aprender algo también, por ejemplo la eficacia organizativa de los
masones, y buscar la cooperación en las causas buenas.
El peligro sería la
ingenuidad, que nos llevaría a dejarnos instrumentalizar o a asumir posiciones
que no son compatibles con nuestra fe. Debemos también reconocer la dificultad
de algunos católicos en posición de liderazgo, que luego, por presiones
sociales o de otro tipo, se han hecho masones, y tratar de rescatar a los que
todavía se pueden rescatar.
2. Defendamos
nuestros derechos
La otra vertiente de nuestra actuación hacia afuera es defender
nuestros derechos. Hay enormes intereses legítimos de la gran mayoría: los
niños y jóvenes, las familias, las personas de escasos recursos, etc. Los
masones son pocos, son un grupo de élite, y los que somos muchos, debemos saber
defender lo que nos corresponde. Y para defendernos, también nos debemos
organizar y hacer oír nuestra voz. Por ejemplo, cuando veamos atacada la
religión, la institución familiar, el derecho a la vida y otros valores
cristianos.
3. Seamos
mejores cristianos
No tengamos miedo, ni para ir al encuentro, ni para dejar
constancia de nuestra propia fe, ni para defendernos. ¿Por qué? Porque el que
está en nosotros es más poderoso que el que está en el mundo. Nos puede
inspirar en este sentido la primera carta de San Juan:
“Ustedes, hijitos, son
de Dios, y ya han logrado la victoria..., pues el que está en
ustedes es más poderoso que el que está en el mundo. Ellos son del mundo, por
eso su lenguaje es el del mundo, y el mundo los escucha. Nosotros, en cambio,
somos de Dios; el que conoce a Dios nos escucha." (1 Juan 4,4-5)
Sí sabemos que esta victoria muchas veces solo se
obtiene con el sacrificio.
Para los que estén tentados a unirse a la masonería, al
final de su artículo, el P. Angel Peña nos exhorta: “No se vendan por dinero,
no se dejen comprar por ayudas materiales o ascensos o mejoras de trabajo. La
fe no se compra ni se vende. La fe es un tesoro que hay que defender y pedir
con humildad.”
Para concluir, digamos que el problema mayor del mundo
occidental y del Paraguay no es la masonería, ni el poder de los que son cristianos. El problema mayor es que nosotros los
cristianos aún no nos hayamos entregado completamente a Jesús, el Señor, y en
vez de llenarnos del Espíritu Santo nos dejamos contagiar por otros espíritus,
nos hacemos débiles y de “doble pertenencia” en muchos sentidos.
P. Guillermo Steckling o.m.i.
Asunción, el 1º de diciembre 2012
Bibliografía consultada y de
referencia
1. Caro Rodríguez, José María, Cardenal: El
Misterio de la Masonería. Descorriendo el velo
(1924)
2. Guerra,
Manuel: Diccionario enciclopédico de las sectas, Madrid 1998, 988 páginas
3.
Guerra, Manuel: Masonería, religión y política,
Madrid 2012, 464 páginas
4.
Guerra, Manuel: entrevista publicada el 07/11/2012
5. Peña,
Ángel: ¿Católico y masón? Lima 2006, 73 páginas (www.libroscatolicos.org)
6. Ullate,
José Antonio: El secreto masónico desvelado, Madrid 2007, 286 páginas
7.
Vaquero Oroquieta, Fernando José: Aproximación a
la historia de la masonería: naturaleza y relaciones con la Iglesia católica,
(España) 2001
8. Vidal,
César: Diccionario de sectas y ocultismo, Estella 1991
9. Vidal,
César: Los masones, Barcelona 2005, 430 páginas
10. Sitios de la Red consultados (Noviembre
2012):
NOTAS
[1]
Conferencia Episcopal Paraguaya, carta pastoral: el año de la fe renueva a las
familias y a la iglesia, 9 de Noviembre de 2012
[2] En 1877 los [masones]
franceses suprimieron la invocación del “Gran Arquitecto del Universo”. (…) El
ejemplo francés, anticlerical, laicista, racionalista y no pocas veces
declaradamente ateo, fue imitado por muchos Orientes y Logias de América Latina
(Fernando José Vaquero, Aproximación a la historia de la masonería).
[3] El
secreto masónico desvelado: José Antonio Ullate, Libros Libres, Madrid, 2007, 286 págs.
[4] «Ustedes
serán verdaderos discípulos míos si perseveran en mi palabra;
entonces
conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.» (Juan 8,31)
[5] Observador
Semanal, Paraguay, Última Hora, 25 Nov 2011
[7] Cada
masón ignora lo que se dice, hace o resuelve en las reuniones de categoría
superior a la suya. … Cuando los Soberanos Grandes Inspectores Generales (grado
33) se congregan en Supremo Consejo, ni siquiera el gran Inquisidor Inspector
Comendador (grado 31), ni el poderoso Gran Electo Caballero Kadosch (grado 30),
y mucho menos la simple plebe de los primeros grados, podrán enterarse de las
deliberaciones de los Hermanos grado 33. Y cuando, por fin, los Soberanos
Grandes Comendadores reúnen de cinco en cinco años los Supremos Consejos en
Congresos internacionales, entonces ni siquiera la distinción en el grado 33
conseguirá abrir la puerta del misterio (Vaquero, Los masones, manuscrito).
[8] Peña,
op. cit. pag. 16
[10] José María Cardenal
Caro Rodríguez: El Misterio de la Masonería. Descorriendo el velo (1924).
[12] Desde
1738 a 1980 se conservan no menos de 371 documentos sobre la masonería.
[13] Peña,
op. cit., pag. 59
[14] Guerra,
op.cit. pag. 515
[15] Guerra,
op.cit. pag. 516
[16]
Conviene consultar la encíclica Redemptoris Missio