La cuestión de Dios y nuestras ¿pequeñas? faltas

(De un discurso del Papa Benedicto XVI en su viaje a Alemania)

" '¿Cómo puedo tener un Dios misericordioso?' No deja de sorprenderme que esta pregunta haya sido la fuerza motora de su camino [de Martín Lutero]. ¿Quién se ocupa actualmente de esta cuestión, incluso entre los cristianos? ¿Qué significa la cuestión de Dios en nuestra vida, en nuestro anuncio? 

La mayor parte de la gente, también de los cristianos, da hoy por descontado que, en último término, Dios no se interesa por nuestros pecados y virtudes. Él sabe, en efecto, que todos somos solamente carne. Si hoy se cree aún en un más allá y en un juicio de Dios, en la práctica, casi todos presuponemos que Dios deba ser generoso y, al final, en su misericordia, no tendrá en cuenta nuestras pequeñas faltas.

Pero, ¿son verdaderamente tan pequeñas nuestras faltas? 
  • ¿Acaso no se destruye el mundo a causa de la corrupción de los grandes, pero también de los pequeños, que sólo piensan en su propio beneficio? 
  • ¿No se destruye a causa del poder de la droga que se nutre, por una parte, del ansia de vida y de dinero, y por otra, de la avidez de placer de quienes son adictos a ella? 
  • ¿Acaso no está amenazado por la creciente tendencia a la violencia que se enmascara a menudo con la apariencia de una religiosidad? 
  • Si fuese más vivo en nosotros el amor de Dios, y a partir de Él, el amor por el prójimo, por las creaturas de Dios, por los hombres, ¿podrían el hambre y la pobreza devastar zonas enteras del mundo? 
Las preguntas en ese sentido podrían continuar. No, el mal no es una nimiedad. 

No podría ser tan poderoso, si nosotros pusiéramos a Dios realmente en el centro de nuestra vida. 

La pregunta: ¿Cómo se sitúa Dios respecto a mí, cómo me posiciono yo ante Dios?, esta pregunta candente de Martín Lutero debe convertirse otra vez, y ciertamente de un modo nuevo, también en una pregunta nuestra. Pienso que esto sea la primera cuestión que nos interpela al encontrarnos con Martín Lutero."

(Del discurso del Papa Benedicto XVI en el encuentro con representantes de las iglesias luteranas de Alemania en el convento agustiniano de Erfurt, el 23 de setiembre del 2011.) - Texto completo.