Discípulos misioneros ante el secularismo (1)

Discípulos misioneros ante el secularismo (1)

Reflexiones a partir de un libro de Charles Taylor   
(1ª de dos partes)

Introducción

En los años en que he estado al servicio de la Misión en el mundo entero, uno de los sujetos de conversación más frecuentes ha sido el secularismo. El tema se hacía presente de varias maneras: como alarma ante la hostilidad entre ciertos medios de comunicación y el mundo de la fe, como preocupación por el envejecimiento de los que asisten en la liturgia, como sorpresa ante las pocas vocaciones religiosas y sacerdotales en el mundo occidental, como preocupación por nuestro mismo estilo de vida, como desconcierto ante cierta polarización entre liberales y conservadores en partes de la Iglesia. En el fondo, se sentía la preocupación propia de cualquier cristiano, de cualquier discípulo misionero: ¿no está la no-creencia ganando más y más terreno?

Sorprende la vehemencia con que se escuchan en el mundo occidental, ciertas voces que rechazan valores fundamentales de la tradición cristiana y quieren hacer desaparecer del espacio público los símbolos de nuestra fe. Hay quienes niegan la existencia de Dios de una manera desafiante y burlona. No estábamos acostumbrados a todo esto e, inseguros, nos preguntamos cómo ubicarnos, cómo reaccionar. ¿Debemos defendernos decididamente y a grandes voces, o tácticamente conceder una parte del terreno en busca de alianzas, o tal vez callarnos del todo por un tiempo?

Charles Taylor
Recientemente he tenido oportunidad de reflexionar sobre el tema leyendo un grueso volumen sobre nuestra actual "edad secular", Charles Taylor, A Secular Age (Cambridge, Massachusetts 2007). Mi reflexión parte de esta lectura que encontré muy provechosa. Quiero también tomar en cuenta lo que he podido observar en diferentes áreas de misión, y tratar de integrar cosas que he leído anteriormente. Escribo mi resumen ya de vuelta en América Latina, desde Bolivia y cerca del lugar de mi próxima misión. Creo que el tema tiene relevancia también para este continente. En un mundo globalizado el secularismo nos influye de menor o mayor grado a casi todos, y a todos tarde o temprano se plantea la pregunta: ¿cómo situarnos desde la fe?

Así lo ha visto también el reciente Capítulo General de los Oblatos de María Inmaculada cuando en Octubre 2010 decía:

"Jesucristo  es  el  centro  de  nuestra  vida  y  nuestra  misión  para  llevar  la Buena  Nueva  a  los  pobres.  Al  hacer  frente  a  los  desafíos  de  hoy  de nuestros    distintos    contextos,    que    incluyen    la    globalización,    la secularización,  la  inculturación  y  las  tecnologías  de  la  información, estamos   llamados   a   tomar   parte   en   'cruzar   fronteras'…"

¿Qué es el secularismo?

¿Qué se quiere decir cuando uno afirma: vivo en un mundo secularizado ? ¿Es algo malo o tiene también su lado bueno? Comúnmente se hace distinción entre "secularidad" y "secularismo". A la secularidad, por ejemplo la secularidad del estado que hoy día está separado de la iglesia, los cristianos le reconocen muchos aspectos positivos mientras que el secularismo sería una posición que es directamente negativa frente a la fe. La distinción misma demuestra que los cristianos nos encontramos aquí dentro de un terreno conflictivo. Es un hecho que el espacio de la creencia disminuye en muchas culturas y que las comunidades de fe se encuentran en la defensiva o frente a una falta de interés.

Aquí en Bolivia por ejemplo se constata que la sociedad civil y los líderes toman más distancia de la iglesia que en el pasado. En países europeos se discute la cuestión de símbolos religiosos en espacios públicos. Hay quienes usan modelos matemáticos para predecir que en varias naciones se va simplemente extinguir la religión; el estudio se hizo con datos de Australia, Austria, Canadá, la República Checa, Finlandia, Irlanda, Países Bajos, Nueva Zelandia y Suiza - en todas estas naciones se extinguiría la religión (BBC, 22 de marzo 2011).

El libro de Taylor aconseja el análisis cuidadoso y la serenidad, y recomienda estudiar no solamente los diferentes desarrollos estadísticos y de la opinión pública sino profundizar en la historia. En cuanto al momento actual su análisis se centra en la pregunta: ¿Cuál es la nueva condición en que se encuentra el que cree? (p.3)

Hay varias teorías sobre el fenómeno de la secularidad. Se puede decir que cada una tiene como tres pisos: a nivel de tierra se constata e investiga la disminución de la práctica religiosa, en el sótano se busca establecer las razones (hay diferentes hipótesis) y en el piso superior se aventuran pronósticos para el futuro (p. 431) . Por ejemplo, alguna teoría dice que la religión va a sobrevivir solo donde está unida a una causa cultural o nacionalista. En general, las teorías clásicas de secularismo pretenden que la religión va a disminuir más y más.

Pero no todos están de acuerdo con las teorías clásicas. Existe por ejemplo la teoría sociológica de la  "economía" religiosa (Stephen Warner, 1993), que da cuenta del hecho que hubo épocas de crecimiento religioso en plena modernidad, y que hoy existen grupos basados en la fe religiosa que, al responder bien al "mercado" actual, se hacen cada vez más fuertes.

Taylor no hace referencia a esta teoría pero insiste que no hay que quedarse en razonamientos demasiado simplistas, reduccionistas. Si uno ve el contexto más amplio de la historia de la modernidad tanto lo positivo como lo negativo del mundo actual secularizado aparece en una luz distinta. Modernidad y fe no son incompatibles y hay lugares y tiempos cuando movimientos religiosos han relevado el desafío con éxito. El tener una visión más amplia del secularismo significa para el que cree que va a encarar el futuro con menos preocupación, y por otro lado también que va a mirar el pasado con más humildad.

Se ha dicho que no hay nada más práctico que una buena teoría. Una falsa teoría (del estilo "todo va a ir abajo") puede convertirse en una profecía que contribuye a su propio cumplimiento.

Para tener un buen juicio  sobre nuestra época secularizado es importante conocer sus raíces históricas. Nace en una determinada región geográfica, la del Cristianismo latino en la cuenca del norte atlántico, como uno de los fenómenos de la época moderna (del 1500 hasta hoy). El secularismo se debe al florecimiento de un humanismo moderno que al inicio hacía referencia a Dios pero luego se volvía más y más inmanente. Muchos creen hoy que para la sociedad no puede haber otros objetivos que los humanos. Creer en Dios o no se convierte así en una opción puramente personal, y en ciertos ambientes, como puede ser el académico, la opción por la fe se desacredita de gran manera.

Echemos una mirada a varias características de la época moderna que a algunos les ha llevado al rechazo de la fe en Dios. Las mismas características podrían también llevar al que cree a una fe más adulta y profunda.

¿Cómo se caracteriza la época moderna?

Es entonces entre el 1500 y el tiempo de hoy que el mundo occidental ha entrado en una nueva época, la de la modernidad. Este cambio significa una progresiva independización del mundo del ámbito del sagrado. Con eso para la fe y la religión cambian las reglas de juego. Repitamos que esto no quiere decir que la fe y la religión necesariamente tendrán que quedar fuera de juego; el secularismo radical no es una consecuencia necesaria de la modernidad aunque algunos lo afirman.

Entre las características de los tiempos modernos se pueden mencionar las siguientes.
  1. El mundo se encuentra desencantado. - Se diluye la creencia en un mundo poblado de espíritus y casi todo se desmitifica; al inicio del proceso quedan todavía Dios y el demonio. Se disminuye el sentido de los objetos y las personas sagrados, por ejemplo los reyes o los monjes. La creación misma ya no se entiende como un cosmos de órdenes jerárquicos sino se siente como un vasto, inhóspito universo, objeto de la investigación científica y material para el avance técnico.
  2. El yo se siente amortiguado, protegido. - La persona moderna ya no se quiere dejar impresionar por lo que no es realidad objetiva reconocida por las ciencias naturales. Se toma distancia de todo, todo se objetiviza. El individuo crece en importancia. La concepción del tiempo cambia también: poco a poco se acaba con los tiempos mayores y solemnes; el tiempo se ve más y más como un recurso utilizable.
  3. La sociedad ahora está basada en un nuevo orden moral. - La ética ya no es explícitamente cristiana sino quiere construirse solo sobre las leyes del universo y la razón. Esto es muy conveniente después de las guerras de religión en Europa; hay que encontrar un terreno neutro. La nueva sociedad se concibe como igualitaria y existe solo para el beneficio mutuo de las personas - no para la salvación, o la gloria de Dios. Las personas no se ven tanto como parte de un grupo sino como individuos; la libertad de optar se aprecia como un valor muy alto. Se exalta la disciplina en el trabajo, y el bienestar se funda en el comercio mientras que se eclipsa el ideal del héroe guerrero. En principio se quiere igualdad y derechos humanos universales aunque la realidad sigue contradiciendo el ideal. Se cree en el progreso continuo de la humanidad.
Ha nacido así un nuevo imaginario social: ahora ya es posible una convivencia de ciudadanos sin necesidad de jerarquías preestablecidas y en la cual todos tienen acceso directo a la totalidad de los beneficios. Espacios públicos como los medios de comunicación refuerzan el control que ejerce el pueblo que es el nuevo soberano.

Hay que añadir que en la historia de los últimos 500 años hubo muchas contestaciones a los lados débiles de la modernidad, por ejemplo en Kant, Nietzsche o Marx. Los últimos 50 años a partir del 1968 se pueden caracterizar como una verdadera revolución cultural; algunos hablan de post-modernismo. Taylor piensa que todo en el fondo se queda dentro del marco de la edad moderna.

En este contexto también han nacido nuevas comunidades de fe y se han inventado nuevas formas de iglesia. Pero hoy por hoy el clima no es muy acogedor a la fe cristiana y a las comunidades de fe. Muchos viven en un mundo que se imaginan sin transcendencia y dicen que las ideas religiosas no hacen sino distraer al hombre de la felicidad modesta y ordinaria que se puede obtener y que para lograse necesita el esfuerzo de todos. Los que piensan así, a menudo no quieren permitir alternativas a su manera de pensar; dicen que gracias a la modernidad hemos llegado a ser adultos y no podemos volver atrás.

(continuará mañana)